-Ésto no es una secuela, es un remake calcado del original. Pero donde antes había ingenio, singularidad y atmósfera; ahora solo hay ruido. Wingard no tiene nada que contar.
-Un colmo de chorradas, redundancias y tediosos efectismos. En vez de quitarme el sueño, me lo provoca.
No soy un gran admirador de The Blair Witch Project, pero entiendo lo que significó para el género y como funcionó como precursora de una generación, también elogio que sea una película de terror en la que se estimula la atención por la atmósfera, los personajes y el “folklore” de los bosques de Maryland. Así pues, la película del 99 la veo como un curioso experimento poseedor de las virtudes que el género hace tiempo que perdió. Y aunque parece que el género no quiere aprender, también parecía que el público estaba listo para volver a buscar a la bruja de Blair. Adam Wingard y Simon Barrett son los encargados de volver a llevarnos hasta los bosques de Maryland con una absurda excusa argumental que además desaprovecha sus posibilidades. La carrera de éstos dos había ido en ascenso gracias a títulos de lo más extraños e interesantes, véase The Guest o You're Next, pero como vengo a contaros, Blair Witch es un duro golpe para una filmografía que estaba lejos de asentarse.