-Un blockbuster tan inepto como insoportable. Mal escrito, dirigido e interpretado; y encima grotescamente aburrido.
-Un filme sólo para fans muy incondicionales de los cómicos textos de Dan Brown. El resto se dará cuenta, ésto es igual de tonto pero mucho más chapucero.
Nada ha impedido que los libros de Dan Brown, protagonizados por el -ya famoso- personaje de Robert Langdon, fueran un éxito tras otro. Ni siquiera el hecho de que casi todo lo que escribe este señor sean incoherencias cogidas con pinzas y batiburrillos teológicos con poca densidad y menos credibilidad. Al menos el novelista es capaz de hacer atractivos a los personajes, formular una narración cuanto menos interesante, vincular con ingenio los recursos históricos y enganchar al público. Las adaptaciones cinematográficas también aceptan una definición similar. Tanto El código Da Vinci como Ángeles y demonios eran thrillers tremendamente absurdos, pero aprovechaban su frenético ritmo, sus potentes repartos y su categoría de intrigas tontas y sin pretensiones que buscan entretener. Ron Howard se encargó de las dos primeras y ahora regresa para adaptar una más. La tercera entrega adapta la trama del cuarto libro, posponiendo los acontecimientos de El símbolo perdido para una cuarta película que no parece interesarle demasiado al director. En palabras de Howard, este cambio fue para darle a Hanks una gran oportunidad interpretativa derivada de la amnesia que sufre su personaje, que habitualmente “lo ve todo y lo sabe todo”. Otro motivo era que no quería hacer lo mismo por tercera vez. Pues bien, David Koepp repite como guionista tras entrar en Ángeles y demonios con la salida de Akiva Goldsman (A Beautiful Mind), también repite Hans Zimmer por tercera vez y Tom Hanks vuelve a meterse en la piel del profesor Robert Langdon. El reparto lo completan: Felicity Jones, Ben Foster, Irrfan Khan, Omar Sy y Sidse Babett Knudsen. Veamos ahora como ha respondido la saga a este cambio de planteamiento.