-Entre una fascinante complejidad y las pretensiones pueriles de un señor polémico, sí, pero también rebosante de talento en bruto.
-Los apartados se complementan mucho mejor que en su debut, Ford esconde mejor sus vicios y presta mayor atención al terreno narrativo.
Atrapado, inquieto y revuelto ya desde unos portentosos créditos iniciales, así estoy nada más empieza la segunda película de Tom Ford como director de cine. Y si bien su ópera prima, A Single Man, fue bastante exitosa, a un servidor le resultó tan llamativa en el exterior (extraordinaria delimitación de encuadres) como inane en el interior. Esa melancolía impostada, ese nulo control del tempo dramático y en general toda la petulancia y artificiosidad al servicio de la nada, o bueno, de los vestuarios, los peinados de época y la aparición constante de los modelos del señor Ford. Lo único que era auténtico era Colin Firth, desnudo emocionalmente en su brillante -y británica- contención. Pero bueno, aunque la primera vez no fuera excelente, dejaba entrever muchas virtudes de buen cineasta. En esta ocasión el tejano adapta la novela, Tony and Susan, de Austin Wright; mitad melodrama psicológico, mitad thriller rural. El más que potente reparto lo encabezan Amy Adams y Jake Gyllenhaal, dos de los mejores actores del momento, en la retaguardia encontramos a: Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson, Armie Hammer e Isla Fisher -entre otros-. Veamos si el segundo intento tiene más cine y menos postureo.