-Hay muchas cosas misteriosas, esotéricas e incomprensibles en este filme de Anderson, pero lo que está claro es que es maravilloso.
-Película imperfecta, y de ahí su irresistible encanto. Hipnotiza su atmósfera, su romanticismo, su melancolía, sus personajes y cada gota de lluvia que capta la cámara del director.
Había ganas de ver por fin lo nuevo del genio Paul Thomas Anderson, uno de los directores más valorados de los últimos años. No he tenido el placer de visionar toda su filmografía (se me resiste “Punch-Drunk Love”), pero seguramente mantendría su posición entre ese puñado de visionarios de trayectoria perfecta, como podría ser también Steve McQueen o Christopher Nolan. En el 2012, Anderson estrenó la que para un servidor fue sin lugar a duda, la mejor película de ese año. Una tremenda e indescriptible obra maestra que entraba en una corta lista de mejores películas del siglo XXI. Las expectativas de cara a su nuevo proyecto estaban, obviamente, muy altas. Comenzaré diciendo que es la segunda vez que el director y guionista trabaja adaptando una novela, la primera ocasión fue “There Will be Blood” de Upton Sinclair y ahora la excéntrica comedia de Thomas Pynchon de nombre homónimo al filme. Antes de ver la película todo llama mucho la atención, esperamos filigranas de cámara de todo tipo, planos enloquecedores, un apartado visual que provoque mareos, un guión brillante y como no, actores de primera. El reparto lo forman caras muy conocidas y apreciadas, primero Joaquin Phoenix como el peculiar detective Doc Sportello, le siguen entre otros: Josh Brolin, Katherine Waterston, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Benicio del Toro, Joanna Newsom y Martin Short.