Aquí estamos. Ha pasado todo un año de cine para plantarnos a menos de una semana de esa ceremonia de premios de la que todo el mundo habla. Un acontecimiento que por su desmesurada difusión merece ser comentado año tras año, en directo, hasta las tantas de la madrugada. Me refiero, por supuesto, a los Oscar. Como cada año hemos dejado atrás una interminable lista de festivales (Toronto, Sitges, Berlín, Venecia, etc), galardones de Asociaciones (de críticos, actores, directores, guionistas, productores, etc), premios que son fuente de conjeturas de cara a los propios Oscar (“Globos de Oro”, “Bafta”, "César") e incluso a nuestros apreciados Goya. Todo para alcanzar esta cita anual con el cine, o con lo que sea que se celebra ahora en los Oscar. Perdonen la ironía, hablamos de la conclusión de la temporada de premios, del sprint final, y hay que aplaudir con sinceridad a éstos premios casi centenarios otorgados por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas en reconocimiento de los profesionales de la industria cinematográfica.
miércoles, 28 de febrero de 2018
Los Oscar (90ª Edición)
martes, 20 de febrero de 2018
Crítica de “La forma del agua”
-De un buen hechizo nunca se es consciente hasta que termina. Bravo señor director.
-No es la mejor película del año, pero sí una de las más bellas.
Si hay una película que ha cautivado a todo el mundo en 2017 esa ha sido la nueva obra de Guillermo del Toro. Los propios y los extraños han caído bajo el hechizo de su nuevo cuento de hadas, y en la carrera de premios ha conquistado cada gala y cada festival en su camino hacia los Oscar. Recordemos que este último trabajo del cineasta mexicano ha entrado en el selecto grupo de películas con 13 nominaciones a los premios de la Academia, y todo parece indicar que se llevará a casa un buen puñado de caballeros dorados. Sin duda el motivo de tanto revuelo es que Del Toro ha creado otro fascinante mundo de fantasía en el que se mezcla lo poético con lo político, enamorándonos al tiempo que nos hace reflexionar sobre el respeto, la auténtica belleza y el amor como núcleo vital capaz de derribar cualquier muro. Claro, se hace difícil resistir el embrujo.
martes, 20 de octubre de 2015
Crítica de “La cumbre escarlata”
-Al mismo tiempo decepcionante, evocadora y deslumbrante. Del Toro firma un filme que en sus mejores momentos hipnotiza, lástima que no tenga muchos de esos -momentos-.
-El guión es corriente y moliente, pero en pantalla la historia cobra vida gracias una puesta en escena extraordinaria y a un alma inquietante y romántica que recuerda a muchos buenos literatos. Más trabajo en el libreto podría haber supuesto una película realmente magnífica.
Pocos realizadores actuales son conocidos por cuidar de forma tan meticulosa y con tanto cariño a sus criaturas (sus producciones) como Guillermo Del Toro. El guionista y director de origen mexicano ha conquistado a muchos televidentes con su serie sobre vampiros, “The Strain”, y obtuvo muy buena acogida hace dos años cuando estreno “Pacific Rim”. Aún no he tenido el placer de visionar la serie mencionada y no soy fan particularmente de “Pacific Rim”, que bien podría describirse como “Transformers” sólo que hecha por un cineasta que ama cada engranaje de sus películas, que tiene un estilo visual fascinante y que consigue conectar con el público a un nivel muy particular. De hecho su película de robots gigantes (está a la espera de confirmarse una secuela) le encantó tanto a la crítica como al público, porque se respiraba amor por el género y porque convertía a quien la veía en un niño extasiado de alegría durante algo más de dos horas. Una ruidosa poesía cinematográfica que supone lo que se conoce más concretamente como placer culpable. Pero volviendo al tema, muchos esperábamos ansiosos lo que nos deparaba este nuevo viaje al género por excelencia del director, sobre todo cuando está acompañado de un elenco de actores/actrices tan dotado. Mia Wasikowska, Jessica Chastain, Tom Hiddleston y Charlie Hunnam se unen a un largo y llamativo listado de secundarios en un thriller sobrenatural que se aleja del manufacturado modelo comercial, porque está en manos de un devoto del cine fantástico.
jueves, 18 de diciembre de 2014
Crítica de “El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos”
-La peor película posible salida del universo creado por Tolkien, no es sólo el descaro de Jackson colándonos un libro corto en tres películas muy largas, es que esta última es una jodida vergüenza.
-No se salva ni el apartado visual y hasta el reparto falla, no hay por donde coger este insulto a la memoria del novelista británico que abarca todo lo malo de Jackson y nos hace olvidar lo buena que podía ser la trilogía original. Es una de las peores películas del año.
Creo que mi párrafo de apertura del año pasado, cuando analicé la segunda entrega de esta saga, es un comienzo perfecto para esta reseña, a día 13 de diciembre del 2013 mis dedos tecleaban lo siguiente: Y llegó Peter Jackson y logró lo imposible, adaptó al cine una obra gigantesca con todo lujo de detalles, hasta hacer que la novela cobrara vida en la pantalla, hasta lograr que los sueños de muchos se hicieran realidad y así continuó con toda una trilogía que se convirtió en una de las mejores que recordará el cine. Y sí, Jackson también decidió empezarla por el final como antaño lo hizo un tal George Lucas con la suya; y para sorpresa de todos también quiso adaptar el comienzo de todo, la gran aventura de un pequeño hobbit de la comarca que marcaría un antes y un después. Pero no es oro todo lo que reluce, si para las tres novelas de la trilogía del anillo se “forjaron” tres películas, para éste pequeño libro (aunque no menos importante) también se dispusieron tres partes, no hay dudas al respecto de que la riqueza gusta a los hombres igual que a los dragones. Jackson buscó material de todos los recónditos lugares e inventó lo habido y por haber para lograr que un pequeño libro abarcara tres películas, y por supuesto lo consiguió, y fue el año pasado (ahora hace dos) tras casi una década desde el final del anillo único cuando todo volvió a comenzar desde el principio. Y ahora tras tan sabias palabras (no me hagan demasiado caso cuando divago), tan solo queda exclamar...¡La avaricia rompió el saco, Señor Jackson!