-Remake innecesario. Con adornos pueriles, decisiones fallidas e interpretaciones insípidas.
-No hay nada en la propuesta que invite a subirse a bordo si ya se conoce la historia.
No sé ustedes, pero un servidor echa mucho de menos al Kenneth Branagh previo a los proyectos de encargo, a aquel extraordinario adaptador de Shakespeare. En cuanto tuve noticias de su nueva propuesta, un remake de la fallida pero interesante adaptación que Sidney Lumet hizo de la novela homónima de Agatha Christie, ya dilucidé que sería otra película anodina del cineasta. Una conclusión para la que no se hacía necesario ser el mismísimo Poirot. No obstante, para calmar mi conciencia por el cinismo de mis prejuicios, he decidido viajar en el expreso de Branagh. Una excursión con guion de Michael Green (Blade Runner 2049) y en la que Branagh también se coloca delante de las cámaras para encarnar al propio Poirot, que gana mucho protagonismo en esta versión, abandonandose el aspecto coral de la historia. El reparto lo completan -entre otros-: Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Derek Jacobi, Daisy Ridley, Josh Gad y Penélope Cruz. Ahora toca subirse de nuevo al Orient Express. Los que sean primerizos pásenlo bien, los experimentados disfruten del leve traqueteo de las vías y que les ayude a conciliar el sueño, el tren -lamentablemente- no va a descarrilar.