Volver a mirar a las estrellas. Eso es lo que nos pide James Gray con su última película. El regreso de uno de los cineastas más increíbles de la última década, ese heredero del clásico con el mejor de los alientos contemporáneos, contempla el espacio, la última frontera, y lo hace como la propuesta más ambiciosa de su carrera. Eso si es que alguna de sus películas no lo han sido. Nos acercamos a un futuro muy coherente con las expectativas actuales, donde la humanidad se ha expandido por el sistema solar colonizando planetas y explotando sus recursos de acuerdo a la necesidad insaciable de agotar la última de nuestras prórrogas en pos de las más insustancial de las banalidades. Desde ese punto de partida, con las estrellas como limite infinito para un cínico “progreso” basado en la deshumanización (consecuencia directa de un sistema restrictivo, imbuido de miedo y soledad, carente de empatía y que premia la frialdad mientras reprime las emociones), se plantea una odisea espacial, de carácter profundamente reflexivo, que le sirve al realizador y guionista para repasar una vez más los grandes temas que han marcado su filmografía (todo gira alrededor de un drama familiar). Un viaje al corazón de las tinieblas, ciertamente ideal teniendo en cuenta las influencias “coppolienses” del cine de Gray y su anterior trabajo, The Lost City of Z, con el que comparte notorias similitudes pese a que aquel río no terminara por desembocar completamente en vertientes conradnianas.
jueves, 26 de septiembre de 2019
Crítica de "Ad Astra"
Crítica de “Once Upon a Time in... Hollywood”
Hacía ya tanto que no tenía la decencia y el valor necesarios para plantarme frente a la página en blanco y escribir que casi da la sensación de que vuelvo a necesitar los ruedines. Pero nada podía mantenerme alejado de mis responsabilidades tras visionar la novena película de Quentin Tarantino. El polémico cineasta ha decidido dejar de lado cualquier esquema esperado para crear una obra que es extraña y extraordinaria a partes iguales; divertida, ingeniosa, empática con sus personajes y mucho más compleja de lo que su apariencia deja entrever. Desde Jackie Brown que el director no ofrecía una película tan arriesgada, personal y redonda, tan antitarantiniana y profundamente brillante. Firma aquí un director tocado por la madurez, mesurado sin renunciar a su inconformismo, capaz de filtrar todas sus pasiones y fetiches (que no son pocos precisamente) a través de una historia sorprendentemente contemplativa y repleta de matices; en la que cabe su creatividad e ingenio al tiempo que se sosiegan sus tics más recargados. Muchos fans quedarán decepcionados con el Quentin tranquilo, pero es prácticamente perfecto.
domingo, 27 de noviembre de 2016
Crítica de "Aliados"
-Zemeckis entrega un nostálgico y elegante cóctel de géneros. Sin embargo es también una película endeble, carente de intensidad, destello y sustancia.
-Ni el guion ni el reparto están a la altura de las circunstancias. Es como ir a la guerra con munición de fogueo.
Tras maravillarme con el 90% del metraje de Flight y con los quince minutos finales de la más que decepcionante The Walk; Robert Zemeckis vuelve con una apuesta bastante arriesgada. Está claro que en el último siglo ha sido uno de los directores que más se han preocupado por fusionar buenas historias con los avances tecnológicos que permitan contarlas de maneras más creíbles, profundas y sorprendentes (el resultado es otro cantar). Por eso esta melancólica vuelta atrás, hacia el Hollywood clásico, resulta tan inesperada como, insisto, arriesgada. Inesperada por lo apuntado, arriesgada porque el público del siglo XXI no parece estar preparado para recibir con los brazos abiertos el regreso de los melodramas clásicos. Ni siquiera si en la mezcla está el thriller de espionaje, el cine bélico y las atractivas caras de Pitt y Cotillard. Por otro lado el guion lo firma un señor con mucho talento, Steven Knight (Promesas del Este, Locke). Dicho ésto, los que -en cuanto a cine- seguimos esa filosofía de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, estábamos deseosos de que Zemeckis consiguiera devolvernos el glamour, la intriga y la pasión de los tiempos de Bergman y Bogart.
domingo, 24 de enero de 2016
Crítica de “La gran apuesta”
-Una de las películas más atrevidas, inteligentes y necesarias del año. McKay te explica los motivos de la crisis, la historia de como unos desgraciados codiciosos se cargaron un mundo empeñado en autodestruirse.
-Guión y dirección fluyen conjuntamente a un ritmo endiablado e impecable, el estupendo reparto se encarga del resto.
¿Puede la economía ser divertida? Por supuesto que sí. ¿Puede serlo también hablar de como millones de personas perdieron sus empleos, sus casas, a sus familias, etc? Adam McKay ha logrado que así sea, con una película tan indignada como preparada para transmitir su sentimiento con el mejor de sus aliados, el humor. Un humor agrio, negro, incómodo y “glacial” para ser exactos. Pero vayamos al quid de la questión. Muchas películas han tratado el tema de la Gran Recesión, también conocida como la crisis mundial que comenzó en 2008, cada cinta lo ha hecho a su manera y en su género, así tendríamos ejemplos de todo tipo y con diferentes puntos de vista: “The Company Men”, “El Capital” de Costa-Gavras y más claramente “Margin Call” de J.C. Chandor o el escalofriante documental “Inside Job” -entre otras-. Todas ellas tienen temas, miradas y reflexiones en común, pero son filmes bien distintos, en dos de ellos a penas se habla de las causas de la crisis, en las dos últimas, no se observa una simplificación de la información para un público medio; sin embargo el director Adam McKay ha hecho algo que nadie parecía dispuesto a hacer, explicarle a toda esa gente que aún no entiende lo motivos de la crisis, que mierda fue lo que pasó. El guión viene firmado a dos manos, la del propio director y la de Charles Randolph (“Amor y otras drogas”, “La vida de David Gale”), y está basado en el libro homónimo de Michael Lewis, siendo ésta la tercera adaptación de sus obras tras “The Blind Side” y “Moneyball”. Por último, para contarnos de primera mano semejante algarabía, tenemos un sensacional reparto de estrellas, entre las que se encuentran: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, Brad Pitt, Jeremy Strong, Marisa Tomei, Melissa Leo, Margot Robbie y un largo etcétera.
sábado, 10 de enero de 2015
Crítica de “Fury” (Corazones de Acero)
-Una película bélica del montón, con rastros de genio pero también demasiados tópicos. El tramo final aunque emocionante, sobra por completo.
-La película de Ayer es cruda, violenta y sin conseciones, y los actores son buenos, el problema es que casi todo lo que hay aquí sólo hace que recordarnos a otras películas mejores.
Tras sorprender tanto a crítica como a público en 2012 con la impactante cinta, “End of Watch”, el director David Ayer nos presenta este año dos nuevas películas, por un lado “Sabotage” con Arnold Schwarzenegger y por otro el drama bélico sobre la SGM, “Fury”, o “Corazones de Acero” si sois de esos a los que les gustan más los infames cambios de los títulos al castellano. Pues bien, esta nueva película de Ayer pintaba bastante bien, a pesar de los peculiares peinados y de esa forma aún más peculiar de hacer que las balas trazadoras parezcan lasers de Star Wars. Primero estaba el tratamiento aparentemente oscuro y crudo de la cinta, después el guión del propio director, parecía que se iba a centrar mucho en las emociones de los personajes y en sus relaciones, y por último el reparto. Brad Pitt a la cabeza de una brigada de cinco hombres: Shia LaBeouf, Logan Lerman, Jon Bernthal y Michael Peña. Un reparto interesante de por si, completado por un par de secundarios potentes como Scott Eastwood y Jason Isaacs.