-El trailer resume los pocos puntos convincentes de la película sin intoxicarnos con esa chorrada de argumento y demás balbuceos rancios del guion de Chris Morgan.
-Las escenas de acción no tienen ingenio, las actuaciones son terribles, las líneas de diálogo no entran ni en la serie B y ni siquiera es capaz de suspender nuestra incredulidad.
Creo que es la primera película numerada con un 8 de la que hago una crítica. Tenía fe en que algo me llevara a entender la razón de hacer tres películas más de esta saga a pesar del estupendo cierre que James Wan le dio a la franquicia en la séptima. Quería refugiarme en Dwayne Johnson desviando un torpedo soviético y cosas de ese tipo; pero no ha sido posible. La entrada de F. Gary Gray (The Italian Job) no me pareció una mala decisión y todo parecía apuntar a que esta octava entrega seguiría eso de la “desmesura sin reglas” que ha ido adoptando la saga poco a poco hasta que sus héroes han entrado a jugar en la liga de los James Bond, los Ethan Hunt, los mercenarios de Stallone y hasta los Vengadores de la Marvel. Porque éstos fenómenos de las carreras callejeras pueden literalmente con cualquier amenaza planetaria. El nuevo rumbo no convence a aquellos fans que buscan las carreras callejeras y el “tunning” de antaño, pero las cifras indican que convence a mucha otra gente. Personalmente he ido apreciando más la saga con el paso del tiempo, por algo la séptima entrega me parece la mejor y más entretenida con diferencia, ya que juega con sus propias reglas y gana. La octava parecía ir en la misma dirección, pero se han cometido dos errores imperdonables. Primero, ponerle óxido nitroso a un vehículo oxidado y hueco; segundo, correr una carrera contra sus valores y su propia leyenda.