-La primera y convencional hora hace deslucir la inesperada mordacidad crítica de la segunda. Pero si superponemos ambas partes surge una película fascinante.
-Michael Keaton ofrece una estupenda interpretación del fundador de una idea contradictoria y escalofriante convertida en un imperio multimillonario coronado por dos hipócritas arcos dorados.
Seguro que mientras alguno de vosotros lee esta crítica se está zampando un Big Mac, quizás pensando en un McPollo con unas deliciosas patatas deluxe. Perfecto, porque vamos a hablar de esta curiosa propuesta que a priori parece ser una cinta biográfica sobre el fundador de McDonald's. O más bien sobre el tipo que robó la idea multimillonaria mediante la perseverancia y una falsa sonrisa de oreja a oreja y la convirtió en todo lo que es a día de hoy, interpretación que dejo a sus sabios paladares y valores personales. Ahora mismo lo que le toca a servidor es hablar de la trinidad principal que firma esta película. En primer lugar la cara protagonista, Michael Keaton, ese actor renacido de la forma más gamberra posible y que vuelve a demostrar estar en plena forma. Después las manos que escriben el texto, las de Robert D. Siegel, guionista de títulos tan dispares -entre si- como Warrior, Turbo y Big Fan (con la que debutó en la dirección). Por último, el que ostenta la silla de dirección, John Lee Hancock. Ese correcto director de encargo que entrega un filme cada cuatro años aproximadamente. Bien, ya tenemos suficiente información para asomarnos a nuestro cine más cercano y ver de qué va todo ésto, les cuento.