lunes, 8 de febrero de 2016

Crítica de “Chi-Raq”

-Una película extrañísima, repleta de colores y bruscos cambios de tono que funcionan demasiado bien. Spike Lee vuelve a sus orígenes con la munición recargada.

-Hay escenas que me descuadran bastante, otras que me hacen aplaudir. La película tiene un carácter tan voluble que no sé como sentirme, pero también es un documento real, firme e importante para el mundo moderno. La volvería a ver.

Se acerca el día de redactar mis listas de mejores y peores películas del año 2015, por esa razón las críticas de los filmes que visiono deben de ser breves y concisas para que pueda continuar viendo más. El último trabajo de Spike Lee era muy importante, porque este hombre puede entrar sin dificultad en cualquiera de las listas. Si hace mucho que me leéis, sabréis de sobra que Spike Lee es un director que me pone de los nervios por muchas de sus manías y por ciertas opiniones políticas que introduce sin miramientos y con mucho maniqueísmo en sus guiones. Soy muy fan de algunas de sus películas, de su furia callejera tan ardiente y falta de sutileza como la de Oliver Stone (pero con estilos diferentes); sin embargo hace mucho tiempo que no me cautiva su cine, porque su pólvora está mojada y lo único que veo en sus películas es un estilo pedante y una mirada subjetiva y metida con calzador de los temas que intenta tratar. Desde “25th Hour” (2002) no me ha deslumbrado con ninguna de sus películas, en verdad desde entonces sólo podría elogiar “Plan Oculto” como entretenimiento y poco más hasta llegar a su peor película, “Oldboy”. Porque cuando tu carrera está fatal lo que tienes que hacer es coger una de las mejores películas del siglo y hacerle un remake tan innecesario como deleznable; sinceramente, pensé que no levantaría cabeza tras aquella bazofia. Ahora bien, parece que con su nueva película el cineasta estadounidense se ha puesto las pilas. “Chi-Raq” es una adaptación moderna de “Lisístrata” en la que hibridan una disparatada y colorista sátira musical y una incendiaria y trágica diatriba político-social. El guionista y director tiene claros sus objetivos y sabe muy bien como usar las herramientas a su alcanze, el resultado es el mejor Spike Lee de los últimos 13 años.

En primer lugar decir que “Chi-Raq” es una película que tendrá muchísimos detractores, por su contenido, por la singular forma en la que está presentado y porque es de Spike Lee. Todos sabemos de sobra que la idea de lograr la paz con una huelga de sexo es más que ridícula, pero no es ahí donde quiere llegar Lee, el cineasta está hablando de algo mayor y más importante, y la obra de Aristófanes le viene muy bien. Por tanto deben tener en cuenta que lo ridículo es algo que forma una parte importante de la película, aunque simplemente sea un método diferente para hablar sobre otros temas de interés actual que no tienen nada de ridículos. El filme habla -por supuesto- de la guerra de sexos, pero sus temas principales son otros. Trata de como los barrios bajos de Chicago (y de otras ciudades) son una zona de guerra, una verdadera guerra civil en la que mueren más americanos (ya sean niños, madres o integrantes de bandas) que en Vietnam, Irak, etc. Habla de los derechos civiles, del derecho a un sueldo justo, a una vivienda digna, a una educación, una sanidad, una seguridad y protección civil. Habla también de la igualdad, de la violencia, de la perdida, de los malos ejemplos, de como el pasado puede conformar a una persona y sin embargo un país no aprende de sus errores históricos, del amor y la religión como vehículos para la paz, del miedo y el silencio como barreras contra la verdad, del poder del pueblo unido y con un objetivo común, de como el gobierno aparta la vista y destina los fondos de los contribuyentes a guerras externas e innecesarias en lugar de arreglar la situación de violencia, desigualdad e injusticia en los barrios de sus ciudades, y de muchas cosas más.

Una vez claro eso hay que decir que “Chi-Raq” es una película bipolar, excesiva y áspera, todo ello porque se antoja necesario para Lee. Y porque esas tres cosas la llevan a ser también increíblemente ingeniosa, didáctica y rigurosa con su contenido y sus formas. Spike Lee y el profesor Kevin Willmott son dos tipos que saben de lo que hablan, saben que tratan con temas espinosos y que todo el mundo intenta evitarlos pero ellos hacen justo lo contrario. Exponen su información con inteligencia, creatividad, una evidente rabia interior y con bailes. Exactamente, adaptan una obra que tras 2500 años sigue siendo universal, le introducen aún más contenido y la hacen aún más universal y todo ello con infinidad de colores, diálogos rimados, rupturas de la cuarta pared, tweets en pantalla y unas coreografías precisas y geniales -entre otras cosas-; aunque también siguen algunas fórmulas teatrales. Hay que decir que el guión puede conllevar dificultad para el público, tanto por la jerga urbana como por las incontables referencias a la historia y política americana que emplea en sus diálogos. Por otro lado la narración no es el punto fuerte de la cinta pero aún así los guionistas saben como avanzar mientras le comunican al público -constantemente- sus fascinantes conceptos e ideas. Los géneros se intercambian con una velocidad increíble que debería quedar fatal pero no lo hace, no obstante el mensaje sigue ahí en todo momento y quema conciencias con eficacia atronadora. Me encuentro con la escena del horrible y controvertido personaje militar que no me saca ni la sonrisa y un segundo antes la escena de la iglesia, cuya potencia dramática y vasto contenido vale de por si un par de premios. ¿Que quiero decir con todo esto? Pues que Lee ha hecho una película repleta de cambios de tono y de escenas desconcertantes, insólita y extraña pero en el mejor de los sentidos, porque la forma ayuda a transmitir el concepto y este último está siempre golpeando en la pantalla. El trabajo de dirección es sólido y estilizado, me gusta la división de colores entre las bandas y también el dinamismo y la inmesa gama de colores que posee la puesta en escena. Por último el reparto, está que arde, comenzando por una flagrante Teyonah Parris y continuando por Jennifer Hudson, el excelente John Cusack y nuestro amado Samuel L. narrador Jackson como Dolmedes.

“Chi-Raq” es el Spike Lee que llevo más de una década esperando, es la vuelta de ese hombre con tantas cosas importantes que decir, de ese cineasta valiente y comprometido que no tiene miedo a golpearte con la verdad si con ella cambia algo, que se atreve a mostrar lo que los demás ni siquiera susurran. Pero también es un Spike Lee nuevo, con una visión "estilística" cambiada, más capaz que nunca de darse cuenta de que la crítica mordaz y la tragedia pueden ir dentro de otro tipo de película, de que diferentes sentimientos y géneros pueden apoyarse para que el mensaje llegue con más fuerza y claridad al espectador. No es “Bamboozled”, es otro tipo de Spike Lee. “Chi-Raq” puede que no guste a todo el público, seguramente no guste a la mayoría, pero es cine significativo y necesario, de ese que en un mundo más consciente y menos pernicioso, podría cambiar algo.


Alejandro Arranz

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