miércoles, 1 de agosto de 2018

Misión Imposible: Fallout

-McQuarrie y Cruise llevan el concepto “cine de acción” a un nuevo nivel con esta taquicárdica exhibición de músculo técnico y riesgo físico. El más espectacular episodio de la saga, que no el mejor.

-El fichaje de Henry Cavill es todo un acierto, valió la pena el alboroto del bigote.

Cada vez parece más lejano aquel año 66 en el que Bruce Geller y Bruce Kesler daban comienzo a las aventuras de la FMI y sus extraordinarios espías en la serie de televisión clásica. Mucho mejor ha envejecido la inolvidable melodía de Lalo Schifrin, que todos seguimos tarareando cada vez que se nos vienen a la cabeza las palabras “Misión imposible”. Fue el cineasta Brian De Palma quien en 1996 adaptó aquella serie a la gran pantalla con resultados favorables. Cuatro años más tarde llegaría una desechable secuela de manos de John Woo, que enterró prácticamente las posibilidades de una tercera entrega. Parecía imposible revivir la saga, pero lo logró -para variar- un más que acertado J.J. Abrams. A continuación Brad Bird, dando el salto desde la animación de Pixar, le daría una nueva vida a la franquicia con mi episodio favorito, Ghost Protocol. Sería Christopher McQuarrie el último en coger el relevo, justo después de comprobar lo bien que se entendían él y Cruise en la sorprendente Jack Reacher. En esta ocasión McQuarrie vuelve a terminar lo que empezó, a cortar los flecos que quedaron sueltos tras el final de la quinta misión de Ethan Hunt, a darle a la saga una vuelta de tuerca, a pedirle a Cruise y a Hunt que salten un poco más lejos. El resultado, la mejor noticia posible para los amantes del género.

Técnicamente es una maravilla, McQuarrie logra una película de emoción constante, de ritmo medido al milímetro, en la que cada escena parece una excitante atracción que se encaja dentro de una gigantesca máquina de entretenimiento perfectamente engrasada. De este modo la nueva misión del agente Hunt abandona cualquier componente superfluo para mantener los elementos motores de la saga: las escenas de acción y los giros de guion. La trama resulta a menudo confusa y el sinsentido grita más fuerte que nunca, pero nada de ello importa cuando Cruise está saltando entre edificios, subiéndose a helicópteros en pleno vuelo, tirándose de aviones o simplemente corriendo a pleno pulmón como si ni su cuerpo quisiera reconocer los 56 años que supuestamente lleva a las espaldas. La concatenación de set-pieces es tan impresionante que no da tiempo ni a sentirse agotado, y en particular la persecución en moto por París es una de las mejores secuencias del cine de acción reciente. Por otro lado los giros de guion, que se suceden también a un ritmo vertiginoso, pierden algo de efectividad para los más experimentados en esta saga, aunque por numerosidad nos terminan pillando de vez en cuando; es divertido jugar al gato y el ratón con McQuarrie.

El equipo de secundarios funciona pero no brilla especialmente (se echa de menos a Jeremy Renner), y una de las razones es que estamos en el show absoluto de Tom Cruise. Si en Ghost Protocol el agente más veterano del FMI cedía algo de protagonismo para intentar buscar una mayor dinámica de equipo, aquí Hunt vuelve a ser el centro de todo. El guion incluso se detiene fugazmente para regalarnos un par de trazos dramáticos aquí y allá que lamentablemente no van a ningún lado. Probablemente ese sea uno de los mayores problemas del filme, que es un espectáculo alucinante y atrevido en su motricidad, pero no consigue ser tan interesante en relación a su contenido o igualar en términos narrativos/dramáticos los riesgos que sí toma en su pletórica dimensión formal. La decepción que esto implica casi seguro que no afectará a los fans, pues McQuarrie y Cruise han elaborado una de las películas de acción y espionaje más sensacionales y perfectamente ejecutadas que se recuerdan, saltando desde la tibia solvencia de la anterior entrega a la ardiente extenuación de una catedral del género comparable a cualquier combinación de deportes extremos que se les venga a la mente.

Cruise, el verdadero genio loco detrás de esta saga, siempre he pensado que era un temerario con una permanente crisis de la mediana edad que le llevaba a arriesgar su integridad física de forma constante, pero está la otra cara de la moneda. Es un actor del género como prácticamente no hay ningún otro, que busca constantemente superar sus límites para ofrecer a sus fans algo impagable. Es el compromiso máximo con su trabajo y con todos nosotros lo que convierte actualmente a Misión imposible es una saga revitalizada y a Ethan Hunt en un héroe inmortal. Esperemos la siguiente insensatez, mientras tanto no se pierdan esta.


Alejandro Arranz

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